NITO LEZCANO CONTÓ LO QUE VIVIÓ TRAS UNA DENUNCIA: “¿CÓMO SE VUELVE A ENSEÑAR SIN MIEDO?”

ACTUALIDAD — JUEVES 1 DE OCTUBRE DE 2026

En el marco del paro realizado por la situación de violencia que atraviesan las escuelas, el dramaturgo, escritor y docente balcarceño Nito Lezcano decidió compartir públicamente una experiencia personal que, según relató, comenzó hace aproximadamente un año y medio.

A través de una carta abierta publicada en sus redes sociales, explicó que durante mucho tiempo dudó en contar lo ocurrido, pero que el contexto actual lo llevó a hacer pública su historia.

“Dudé en hacer esta publicación, pero hoy más que nunca, atravesando un paro por la violencia vivida en las escuelas, siento la necesidad de que esto se conozca”, expresó. Luego dejó una pregunta abierta: “Estas situaciones suceden cada vez más. ¿Qué hace la sociedad frente a esto?”.

“MI VIDA EXPUESTA, MI NOMBRE CONDENADO SOCIALMENTE”

Bajo ese título, Lezcano repasó parte de su recorrido en el ámbito artístico, educativo y cultural de Balcarce.

Contó que su vínculo con el teatro comenzó cuando tenía apenas 8 años y que, durante su adolescencia, continuó desarrollándose en distintas experiencias relacionadas con el arte. Más adelante, mientras cursaba sus estudios universitarios, comenzó a desempeñarse como docente de teatro.

Con el paso de los años, también participó en diferentes proyectos artísticos, culturales y sociales, tanto en espacios públicos como privados de la ciudad.

Según relató, la situación que motivó su publicación comenzó en marzo de 2025, cuando recibió un llamado telefónico en el que le informaron que existía una denuncia penal en su contra por un supuesto hecho ocurrido en una institución educativa.

“Sin conocer detalles ni saber quién me acusaba, al día siguiente mi imagen comenzó a circular por las redes sociales acompañada de insultos, agravios, versiones y amenazas”, sostuvo.

“TUVE QUE VOLVER A DAR CLASES COMO SI NADA”

Lezcano describió que la exposición pública tuvo consecuencias directas en su vida cotidiana y laboral.

“Al día siguiente del escrache tuve que regresar a dar clases como si nada hubiera ocurrido, soportando miradas, silencios e incertidumbre”, relató.

Posteriormente, según explicó, fue trasladado a otro espacio con el argumento de protegerlo. Allí permaneció durante aproximadamente un año y medio, hasta que finalmente recibió el sobreseimiento de la causa por parte de la Justicia.

A partir de lo vivido, reflexionó sobre las consecuencias que puede generar una acusación pública antes de que exista una resolución judicial.

“Esta pesadilla me mostró que hablar sin conocer todos los hechos puede causar un daño enorme, no solamente a quien queda expuesto, sino también a su entorno”, escribió.

También cuestionó el impacto que pueden tener las redes sociales cuando una situación todavía se encuentra bajo investigación.

“Denunciar es un derecho y una herramienta necesaria. Pero también existe una responsabilidad cuando una acusación injusta termina afectando la vida, el trabajo y el nombre de otra persona”, sostuvo.

“¿QUIÉN RESPONDE POR EL DAÑO PRODUCIDO?”

En otro tramo de su carta, el docente señaló que una denuncia no solamente puede iniciar una investigación formal, sino también generar rumores, prejuicios, aislamiento y cuestionamientos sociales.

“Muchas veces la condena social llega antes que cualquier resolución judicial”, afirmó.

Lezcano también planteó las dificultades que atraviesan tanto las comunidades educativas como los docentes cuando una situación de estas características se encuentra en proceso de investigación.

“Mientras se investiga, los alumnos pueden quedar sin clases y los docentes denunciados pueden atravesar situaciones laborales, personales y sociales muy difíciles”, señaló.

En ese contexto, reclamó mayor acompañamiento para quienes atraviesan situaciones de exposición pública mientras esperan que la Justicia determine qué ocurrió.

“Se exige vocación, responsabilidad y compromiso a los docentes, pero la protección frente a la exposición y el abandono muchas veces resulta insuficiente”, manifestó.

Hacia el final de su carta, dejó una serie de preguntas: “¿Quién responde por el daño producido? ¿Quién repara el tiempo perdido? ¿Quién se hace cargo cuando finalmente llega la verdad? Y, sobre todo, ¿cómo se vuelve a enseñar sin miedo?”.

“SEGUIRÉ MI CAMINO COMO SIEMPRE”

A pesar de la experiencia atravesada, Lezcano aseguró que continuará vinculado a la docencia y a las actividades que forman parte de su trayectoria.

“Aprendí que comenzar de nuevo nunca significa empezar de cero. El tiempo pasa y la memoria colectiva rara vez olvida, pero voy a intentar seguir mi camino como siempre”, expresó.

Finalmente, cerró su carta haciendo referencia a quienes atraviesan situaciones de violencia, aislamiento y exposición, y manifestó su intención de continuar adelante pese a lo vivido.

“Por quienes resistimos la violencia, por el tortuoso aislamiento, por la rabia de no poder defenderse y por todos los que creemos que algo todavía puede cambiar”, concluyó.

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